Atrapados por la novela

Debido a la falta de tiempo no puedo subir capítulo todos los días, el nº de ellos dependerá de la semana. Gracias a todos.

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jueves, 28 de julio de 2011

CAPÍTULO 54: DESPUÉS DE LA DESPEDIDA

Lis vio como la puerta se cerraba ante sus narices. Se había ido y ella no había hecho anda para tratar de detenerle. Sólo había sido capaz de quedarse mirando. Ni siquiera lloró. Nada.

Derek salió de la casa triste y pensativo. Le había dolido que Lis hubiera escogido a Dimitri en su lugar. ¡Ha ese gilipollas que sólo quería follarsela! Cabrón… pero se había dicho a si mismo que si él no era el elegido se alejaría de ella. Respetaría su decisión por mucho que le doliera.

Después de que Derek se fuera, Lis volvió al salón y se puso a ver la televisión. Su mente había anulado sus sentimientos dolorosos, era incapaz de asimilar la situación y de apenarse por ella. Se limitó ha hacer como si no hubiera pasado nada. Saludó a sus padres cuando volvieron de trabajar, cenó y se fue a su cama. Pero, al no poder dormir se puso a pensar en la decisión que había tomado y se empezó a dar cuenta del as consecuencias que acarrearía. Comenzaba a sentir como se le hacía un nudo en el estómago y cómo las primeras lágrimas acudían a sus ojos. Sentía pena por apartar de Derek de su lado pero en el fondo de su corazón sabía que no podría igualar a Dimitri. Después de una hora colorando por su marcha, pues a pesar de todo también le gustaba, se durmió debido al cansancio acumulado y a las emociones vividas.

Por su parte Derek se encerró en su habitación nada más llegar a su casa y no bajó a cenar alegando un imaginario dolor de cabeza. Había llegado a casa de mal humor y le había estado dando puñetazos a las paredes para intentar liberarse del a frustración que le oprimía. De los golpes se le habían quedado los nudillos enrojecidos, hinchados y la mano entumecida. No quería cenar pues no tenía apetito. Se quedó tirado en la cama escuchando música y lamentándose. Al final asumió el haberse quedado relegado a un segundo plano. Era cierto que no le había gustado anda, que le había dolido y que hubiera preferido ser el elegido pero bueno… había más chicas en el mundo. El dolor que ahora sentía en su pecho poco a poco se desvanecía y acabaría convirtiéndose en una pequeña espina, recuerdo silencioso de una experiencia fallida, nada más.

El único implicado, ajeno a todo lo ocurrido esa tarde había sido Dimitri, el cual no lo había pasado precisamente mal…

Fin del capítulo 54

jueves, 21 de julio de 2011

CAPÍTULO 53: RUMOR DE DESPEDIDA

Tras pronunciar aquellas palabras las dos se quedaron en silencio, un silencio incómodo y espeso que ocupaba todo el ambiente. Al final Lis se decidió ha hablar:

- Yo… bueno… yo quería hablar… sobre lo que pasó ayer – sentenció al fin.

- Pues tú dirás. – el tono de Derek era tajante.

- No puedo negar que siento algo por ti y por ello no quiero que te vayas de mi lado…

- Mira, yo también siento algo por ti pero el problema aquí es otro y tú lo sabes.

- ¿Problema?

- Si. Dimitri.

- … - Lis no sabía que responder a eso.

- Lis, voy a serte todo lo sincero que pueda. Me gustas, pero no puedo aguantar que estés a la vez con otro. Quizá a ti no te importe pero a mi si, no quiero saber que estas conmigo y a la vez estas compartiendo la cama con otro. Él nunca te hará feliz. Solo le importa el sexo. Así que si quieres que siga estando dentro de tu vida debes elegir. O él o yo.

El últimamente de Derek era tajante, su expresión dura y su cuerpo tenso lo confirmaban. Había conseguido poner a Lis entre la espada y la pared. Su vida sentimental era como una balanza y tenía que elegir a cuál de los lados quería caer. A un lado el chico que había conocido en aquel cumpleaños, apasionado y golfo. Al otro el chico que había logrado mostrarle que no todo es sexo.

Difícil elección.

Lis miraba a Derek mientras se frotaba las manos, cubiertas por una fina capa de sudor fruto de su nerviosismo. Derek movía la pierna sin parar. Quería saber la respuesta ya. Al final Lis, tragó saliva y se dispuso ha hablar.

- En ese caso…. Si tengo que elegir a uno de los dos…. Me quedo con Dimitri. Lo siento.

Para Derek aquellas palabras fueron como un jarro de agua fría sobre su cabeza. Había elegido al otro.

- Pero… pero… - no podía creérselo - ¡¿Has visto lo que te ha hecho esta tarde?!

- Si… pero…

- ¿Pero? ¡¿Pero?! ¡Prefieres quedarte con un tío al cual lo que más le importa es verte desnuda! – Derek no podía para de gritar.

- Derek escucha…

- ¡Déjame! No quiero escuchar ni una palabra más. Lo siento Lis pero lo nuestro acaba aquí. Adiós.

- Derek…. no… espera… - le suplicó mientras le sujetaba por la muñeca.

Él se zafó fácilmente de ella y se encamino hacia la puerta. Mientras la abría Lis se quedo frente a ella incapaz de llorar, de hablar o de mover un solo músculo. Quieta, como una muñeca de cera.

Derek tras echar la vista atrás y observar a Lis con una expresión de tristeza en su rostro cerró la puerta y salió de allí, de una casa a la que seguramente no volvería jamás.

Fin del capítulo 53

martes, 19 de julio de 2011

CAPÍTULO 52: CONVERSACIONES

DIMITRI

- Hola preciosa. ¿Qué tal?

LIS

- Hola. ¿Cómo quieres que esté después de lo que ha pasado esta tarde? ¿Te burlas de mí o que?

DIMITRI

- ¿Burlarme de ti? Eso nunca mi preciosa pelirroja.

LIS

- ¿Entonces por que me has humillado de esa manera?

DIMITRI

- ¿Humillado? ¿Pero que dices?

LIS

- Sabes perfectamente a lo que me refiero.

DIMITRI

- Mira guapa si te has tomado algo mal tu verás pero yo me lo he pasado de puta madre.

LIS

- Eres un cabrón.

DIMITRI

- Y lo que te pongo…

Lis cerró la sesión bruscamente. Encima de lo que había pasado iba de chulito.

Estaba enfadada por las palabras de Dimitri, triste por la mala despedida con Derek y cansada por todas las emociones vividas. Por ello pensó que lo mejor sería irse a la cama. Mañana sería otro día.

Durante toda la mañana siguiente estuvo dándole vueltas a la misma idea. Al final se decidió. Llamaría a Derek esa misma tarde. Tenía que arreglar las cosas.

Tras dos tonos que a ella le parecieron interminables una voz masculina sonó al otro lado del aparato:

- ¿Si?

- Derek soy Lis… me gustaría quedar y hablar contigo…

La voz del chico contenía todavía notas de enfado pero al final accedió. Quedaron en casa de ella a las 5:30

Tras colgar y dejar el móvil en la Mesa los nervios empezaban a hacer acto de presencia. Todavía eran las 4:00 pero no podía dejar de pensar en él y en lo que podría llegar a ocurrir.

Los minutos pasaban como si fueran horas y ya se había recorrido más de cien veces su habitación y otras tantas la casa entera.

Al fin el reloj de la iglesia dio las 5:30 y al poco sonó el timbre.

Bajó corriendo las escaleras, se situó frente a la puerta, se secó el sudor de las manos y abrió.

Y allí estaba él, con su melena cayéndole por los hombros, vestido enteramente de negro y con sus ojos marrones brillando por el sol.

A Lis le faltaba el aire pero consiguió articular las palabras necesarias para invitarle a entrar.

Una vez en el interior de la casa fueron al salón y se sentaron en el sofá.

- Bueno hablemos… - dijo Derek nada más acomodarse en su asiento.

Fin del capítulo 52

jueves, 14 de abril de 2011

CAPÍTULO 51: YA NOS VEREMOS...

-Pero… pero… espera por favor…

Derek se zafó de las manos temblorosas que intentaban retenerle. No podía quedarse. Su orgullo no se lo permitía. No podría estar en ese momento con una persona que le gustaba sabiendo que había estado hace un par de horas amándose con un hombre al que consideraba su rival y su enemigo.

Se levantó del sofá, recogió su chupa de cuero y se dirigió a la puerta. Lis salió corriendo tras él, intentando retenerle. Pero fue inútil.

-Adiós Lis. Ya nos veremos…

Y la puerta se cerró con un ruido sordo. SE había ido. Lis se había quedado sola.

Subió lentamente las escaleras hasta su cuarto donde se echó en la cama con los brazos en cruz. Cogió de la mesilla un reproductor de música de tamaña muy reducido y de color negro.

Se colocó los auriculares plateados en los oídos y le dio al botón del play. La música empieza a sonar en sus oídos. Tallulah de Sonata Arctica. http://www.youtube.com/watch?v=wUnRGIXfgYo La historia de dos amantes que dejan su relación pero él la sigue amando y se lamenta… Sabe que no le convienen ese tipo de música. Pasa de canción. Santa Compaña de Mägo de Oz. http://www.youtube.com/watch?v=2R30xXLEja0 Perfecto, una canción que no habla de amor. Y escuchando música se quedó dormida por el cansancio de todo lo que ha ocurrido hace un par de horas.

Cuando despierta a perdido totalmente la noción del tiempo y el espacio. Se encuentra sumida en la oscuridad. Gira su cara hacia la mesilla donde tiene un pequeño despertar digital que marca las 5.30 de la tarde en unos grandes números de color verde fosforito.

-Ummm...… mamá ya a llegado a casa… ella habrá sido al que ha bajado la persiana…

La música sigue sonando. Todavía tiene los cascos puestos. No le apetece levantarse. Está muy cómodo inmersa en esa oscuridad absoluta.

Tarde o temprano tendría que afrontar los hechos ocurridos aquella tarde. ¿Por qué había acabado diciéndoselo? ¡Maldita tonta!

Pero bueno… lo había hecho y ahora tendría que asumir las consecuencias.

Estaba cansada de darle vueltas una y otra vez a lo mismo. Por ello se levantó de la cama y se dirigió a la estantería donde guardaba todos sus libros. Escogió Marina de Carlos Ruiz Zafón. Su libro favorito. Al menos la lectura la ayudaría a evadirse.

Tanto fue así que a lo que se quiso dar cuenta ya se había hecho la hora de cenar.

Bajó las escaleras corriendo. Se moría de hambre. Se sentó en su sitio a la mesa y comenzó a devorar el filete de ternera que le había sevido como si llevara meses sin probar bocado.

-Tranquila cariño que te vas a atragantar – le aconsejó su madre.

Lis bajó el ritmo al que ingería la comida. Después estuvo charlando un rato con sus padres mientras veía la televisión y se fue al ordenador.

Fin del capítulo 51

lunes, 11 de abril de 2011

CAPÍTULO 50: GRACIAS POR VENIR

Los minutos pasaban y pasaban y ellos seguían en la misma posición. Él de vez en cuando acariciaba el pelo de Lis y jugueteaba con sus mechones entre los dedos.

-Lis… ¿vas a contarme que es lo que pasa?

Ella se incorpora y sitúa su cara a la altura de la de él. Su mirada se hunde en la profundidad de sus ojos marrones, el tiempo se detiene. Sólo existen ellos dos. Nadie más. Posa uno de sus dedos sobre los labios de Derek. No quiere que le diga nada. Con la mano libre acaricia su mejilla, retira los dedos de su boca y los sustituye por sus labios.

Los dos se funden en un beso lleno de ternura y calidez. Derek coloca una de sus manos en la nuca de ella y con la otra le acaricia la cara e intenta eliminar los últimos rastros de las lágrimas que habían caído antes por sus mejillas.

Se separan. Se estaban quedando sin aire. Las manos de Lis caen flácidas sobre su vientre. Los dos se miran sin decir una sola palabra. Se bastan con ver sus ojos. Los de él llenos de confusión y comprensión. Los de ella, enrojecidos por las lágrimas y llenos de pesar y rabia.

-Gracias por haber venido…

-No hay de que pero, por favor, dime que te pasa. Así podré ayudarte…

Lis se queda pensativa… No sabe que hacer… ¿Se lo dice? Pero… ¿y si se enfada? Pero no puede retenerle a su lado sin darle una respuesta.

-No se… es que estoy un poco sensible últimamente…

-¿Seguro que sólo es eso?

-Si…

Derek no se queda muy convencido pero no le va a preguntar más. No quiere importunarla. NO quiere estropear el momento.

Los ojos de Lis vuelven a anegarse de lágrimas. Éstas resbalan por su rostro y se precipitan al vacío cuando llegan a la barbilla. Él con su mano recoge algunas de esas lágrimas.

-Lis… no llores…

-Es que… no puedo…

-Mira, no quería presionarte para que me dijeras lo que te asa – la sujetó por los hombros con firmeza pero sin aplicar demasiada fuerza para no hacerle daño – pero necesito saberlo para poder seguir aquí contigo.

Lis suspira. Empieza a temblar. Tiene miedo. Miedo a quedarse sola, sin el calor de sus manos en las suyas, sin su ojos color chocolate mirándole fijamente, sus labios rozándole los suyos… Pero tiene que decírselo. No puede mentirle, a él no. Sino se irá de todas formas.

-Está bien… - respira hondo – te lo diré.

Y comienza a relatarle todo lo acontecido horas antes hasta su llegada. Las expresiones de Derek van cambiando según pasa la historia. Por su cara pasan la rabia, la incredulidad, la compasión…

La última, enfado. Enfado porque le ha engañado. No quería contarle nada. Se sentía un poco engañado. Peor eso no era lo más importante. Lo que más le dolía era saber que tenía que compartir el corazón de Lis con otro. Eso le enfurecía sobremanera.

-Lo siento Lis pero no pienso quedarme ni un minuto más. Adiós.

Fin del capítulo 50


miércoles, 26 de enero de 2011

CAPÍTULO 49: ESTARÉ AQUÍ TODO EL TIEMPO QUE QUIERAS

No sabe cuánto tiempo permaneció allí, sentada en el suelo, acurrucada con la bata. Pensando. No se lo podía creer. ¿Por qué le había hecho eso? No le creía capaz.

Una parte de ella sabía que quería al joven ruso pero la otra le decía que era imperdonable lo que le había hecho esa tarde. La había golpeado como a una niña de 3 años cuando hace algo mal. Había herido su orgullo. Y lo peor de todo era que ella le había dejado. ¡Qué estúpida!

Se sentía fatal. Quería desahogarse, soltarlo todo, liberarse. Pero… ¿con quién podía hablar de aquello? De repente, como movida por un resorte corrió hacia su chaqueta donde tenía el teléfono móvil, buscó el número y marcó.

Un tono, dos tonos, tres tonos…

-¿Sí? – contestó una voz masculina al otro lado de la línea.

-Derek… necesito hablar contigo.

-¿Lis? ¡Lis! ¿Qué te pasa? – La voz de Derek sonaba preocupada. Había notado la tristeza en la voz de Lis.

-¿Puedes venir a mi casa? No quiero estar sola.

-Si claro… ahora voy.

-Vale… muchas gracias.

La línea se cortó.

Mientras Derek llegaba a casa de Lis, ésta se cambió de ropa. Echó el conjunto de encaje al cesto de la ropa sucia. Se puso la ropa interior más cómoda que tenía y un chándal viejo de color negro que tenía para ir por casa.

Estaba terminando de vestirse cuando sonó el timbre. Fue a abrir la puerta y allí estaba él.

Llevaba unos vaqueros grises ajustados con un cinturón de color oscuro del que pendía una cadena, unas botas de montaña grises un poco desgastadas, una camiseta negra con el dibujo de un demonio sujetando una cruz invertida y una chupa de cuero con tachuelas de metal en las solapas. El pelo que le llegaba un poco más debajo de los hombros estaba perfectamente liso. Estaba perfecto, como siempre. Lo único que no encajaba en aquel cuadro de perfección eran sus ojos. Esos ojos del color del chocolate que siempre rebosaban felicidad y cariño ahora mostraban intranquilidad y preocupación.

Los de Lis rompieron en lágrimas en cuanto lo vio y se abrazó a él todo lo fuerte que pudo, como si temiera que se desvaneciera en cualquier momento y quería evitar que eso sucediese.

-Tranquila… tranquila… ya estoy aquí, no pasa nada – intentaba tranquilizarla.

Los dos pasaron al interior de la vivienda y Lis le guió hasta el salón. Se sentaron en el sofá, uno junto al otro. Él se quedo con la espalda muy recta, refirmada contra el respaldo del sofá mientras ella se tumbaba apoyando la cabeza en las piernas de él y se agarraba las rodillas con las manos, apretándolas fuertemente contra su pecho. Las lágrimas seguían resbalando silenciosamente por sus mejillas. Derek pasó uno de sus brazos por los hombros de Lis.

-Sólo quiero que estés conmigo, que me abraces… - sollozaba Lis.

-Estaré aquí todo el tiempo que quieras, te lo prometo.

Fin del capítulo 49

martes, 25 de enero de 2011

CAPÍTULO 48: VOY A HACER QUE CAMBIES DE OPINIÓN

♦♦

Libera los labios de Lis que empiezan a estar un poco hinchados después de tantos besos.

-Me gusta cuando te pones tan dulce – Lis no quería decir eso. ¡No quería!

-¿Qué te gusta? Jajajaja. Pues no pienses que voy a ser así. No me ese rollo ya lo sabes. Sólo estaba comprobando tus reacciones. Pensaba que eras más salvaje. Me da la impresión de que te gustan demasiado esas maneras tan ñoñas. Y eso no me gusta, ya lo sabes.

Dimitri agarra a Lis por las muñecas y la arrastra a su escritorio. Aparta los libros que tiene en la mesa. La pone enfrente y hace que se arquee sobre el escritorio.

-No te preocupes, voy a hacer que cambies de opinión. Porque no pienso perder mí tiempo con carantoñas.

Y dicho esto le dio un azote, y luego otro y otro y otro…

Al principio a Lis no le disgustaba, incluso lo disfrutaba. Le gusta que la azoten. Pero ya no le resulta agradable, cada azote es más fuerte que el anterior. La piel está dejando el habitual color blanco para teñirse de rojo por efecto de los golpes.

-¡Para por favor! – le implora Lis.

-¿Ya has aprendido la lección? – le dice Dimitri con sonrisa malévola.

-Si… si… pero para por favor.

-No sabes lo que me pone verte así… tan sumisa…

Dimitri levanta a Lis del escritorio y la lleva al borde de la cama. Vuelve a besarle. Eso hace que se le olvide todo. Solo quiere el roce de sus manos y de sus labios por el cuerpo.

Dimitri la tumba en la cama y se pone encima de ella. Le quita el sujetador. Dimitri la tumba en la cama se pone encima de ella. Rodea sus pezones con la punta de la lengua, luego dobla suavemente provocándole a Lis escalofríos. Las manos de ella aferran fuertemente las sábanas de la cama. Intenta no gemir. La boca de Dimitri ha llegado a su cabeza. Le estaba quitando el tanga con la boca. Luego empieza a darle besos en el interior de los muslos, desde las rodillas hasta el interior de sus piernas. Allí se detiene un bueno rato, saboreando cada momento, cada sabor… haciendo que Lis se derrita y ya no pueda ahogar más sus gritos de placer.

Su cuerpo temblaba, sus manos se crispaban y apretaban cada vez más fuerte hasta que la piel de sus nudillos se puso blanca de la tensión. A los pocos minutos Lis estalló.

Dimitri levanto la cabeza mientras se lamía los labios. Él pone sus labios en el oído de Lis.

-Ahora te toca a ti.

Se tumbó en la cama poniendo las manos detrás de la cabeza, en una posición totalmente reflejada.

Lis bajó lentamente, rozando con sus pechos el cuerpo de su amante. Llega su cadera. Besa la piel que hay debajo del ombligo. Con la punta de la lengua recorre su miembro, demorándose para no dejarse ni un milímetro de piel sin lamer. Hace círculos en el glande, presionándole con los labios logrando que salieran gotitas de ese néctar que tanto le gusta. Dimitri agarra la cabeza de Lis obligándola a que se metiera todo su miembro en la boca, sin dejarle apenas respirar. Los ojos de ella comienzan a llorar a causa de las embestidas que llegan hasta el fondo de su garganta. Pero a ella le gusta. Dimitri suelta gemidos fuertes con cada embestida.

-Uff… ¡Voy a terminar!

Oyendo estas palabras Lis logra zafarse de las manos de Dimitri, se levanta y se pone encima de él.

-No… quiero sentirte dentro de mí… por favor…

-No puedo negarme zorrita, no si me lo pides así. Pero no lo vamos a hacer en esta cama. ¡Levanta!

La coge del brazo y la lleva al escritorio, poniéndola en la misma posición en la que había estado hace unos minutos.

Dimitri se coloca detrás de ella y empieza con las embestidas, que cada vez son más fuertes. El escritorio choca contra la pared provocando un ruido ensordecedor. Ninguno de los dos puede dejar de gritar.

-Joder, como me gusta hacerte gritar preciosa… ¡Ahh!

Cuando terminó se vistió rápidamente mientras Lis le miraba sin hacer ni decir nada.

-Bueno me marcho – le dijo mientras le daba un azote demasiado fuerte en su trasero ya dolorido.

Y salió por la puerta.

A los pocos segundos Lis oyó como se cerraba la puerta de su casa.

Lis se viste, empieza a sentir el frió en su cuerpo.

Fin del capítulo 48

lunes, 24 de enero de 2011

CAPÍTULO 47: EL FIN DE LA ESPERA

Las saetas del reloj avanzaban lentamente a trompicones. El tiempo pasaba y ella se impacientaba cada vez más con cada minuto que pasaba. Cambiaba constantemente de postura, ahora con las piernas cruzadas, ahora de pie, ahora tumbada… ¡Qué espera tan horrible! No quería mirar el reloj, era demasiado frustrante. Después de una hora de espera ya ni siquiera podía estar quieta. Recorría su habitación de un lado para otro, más deprisa, más despacio… Miraba por la venta de su cuarto, no había nadie por la calle. ¿No pensaba venir? ¿No quería verme? Y mientras estaba embebida en esos pensamientos sonó el timbre.

Su corazón dio un vuelco en su pecho. ¡Era lo que estaba esperando! Se detuvo un instante ante el espejo para revisar su aspecto antes de recibirle. Se alisó el encaje, se ahuecó la melena y se puso la bata de tal manera que una de las mangas le caía de forma bastante sexy sobre su hombre izquierdo. Respiró hondo tres veces y abrió la puerta.

Allí estaba él, refirmado sobre el marco de la puerta. Vestía unos pantalones vaqueros de color azul claro, unas deportivas blancas con unas rallas negras, una camiseta naranja con una raya blanca en el centro y un plumas negro que llevaba en la mano a pesar del frió que hacía ese día. Su pelo rubio estaba desordenado dándole un aire desenfadado y sus ojos verdes brillaban al ver a Lis vestida de aquella manera. Se había vestido así por él y eso le encantaba. Una sonrisa se dibujó en su rostro.

-Hola preciosa – se acerca y recoge un mechón de su melena roja entre los dedos -. Sé que me estabas esperando.

Besó sus labios mientras la empujaba levemente para entrar y cerró la puerta de una patada con el talón.

-Llévame a tu cuarto, quiero probar tu cama – le dijo Dimitri al oído.

Una vez allí…

-Quítate la bata, quiero ver que ropa has elegido para mí.

Lis desabrocha el nudo de su bata, la cual se desliza suavemente por los hombros hasta llegar al suelo. Un fino haz de luz entra por la ventana y arranca pequeños destellos rojos del pelo de Lis. Dimitri la mira de arriba abajo, deteniéndose y deleitándose con los pequeños detalles de su cuerpo y con la delicada lencería de seda que cubre mínimamente su cuerpo debido a la transparencia de la tela.

-Ummm… - Dimitri roza la piel de los brazos de ella con las yemas de los dedos, haciendo que se le erice el vello. – Me encanta como te has puesto, este conjunto... uff… - roza la copa del sujetador y como consecuencia del contacto el pezó se le pone erecto – ya veo que a tu cuerpo le gusta el roce de mis dedos…

Lis no puede hablar, está concentrada en el recorrido que los dedos de Dimitri trazan sobre su cuerpo.

-¿Te gusta preciosa? – Sus dedos siguen acariciando su piel – Pero… y si ahora uso mis…

Antes de terminar la frase posa sus labios en el hombro de ella haciendo el mismo recorrido que había trazado con los dedos anteriormente. Empieza en su hombre, sigue por su clavícula y baja a su pecho donde presiona su pezón suavemente con los labios a través de la fina tela del sujetador.

Lis frunce los labios para evitar que salga algún sonido de su boca. Los labios de Dimitri vuelven a subir hasta la boca de ella donde se quedan unos minutos.

Pero… hay algo raro aquí… Dimitri no es tan dulce…

Fin del capítulo 47